Para cuando tu vida funciona, pero tu trabajo ya no te cierra.
Trabajo con mujeres que quieren una vida laboral que se sienta propia, con más libertad, disfrute y coherencia con lo que hoy es importante para ellas.
Sentís que algo en tu vida laboral necesita cambiar, pero no lográs decidir ni actuar
Llevás tiempo funcionando en automático, con un malestar que fue creciendo sin que haya un motivo claro
Tenés una carrera construida, pero ya no te reconocés en lo que elegiste
Sabés lo que no querés, pero no tenés claro hacia dónde ir
Postergás decisiones importantes por miedo a equivocarte o a perder lo que lograste
No estás en crisis, pero tampoco podés imaginarte así dentro de diez años
A lo largo del proceso, muchas de las mujeres con las que trabajo empiezan a:
Cada proceso es singular, pero hay situaciones que se repiten.
Cuando sabés que algo en tu vida laboral ya no te resulta sostenible, pero el miedo a equivocarte o a perder estabilidad dificulta dar el primer paso.
Pasás mucho tiempo pensando, evaluando escenarios o planificando, pero eso no logra traducirse en acciones concretas ni en movimiento.
Cuando llevás años en un trabajo que ya no te representa, pero soltarlo genera la sensación de poner en riesgo lo que lograste hasta ahora.
Cuando sentís que nunca es suficiente para avanzar, que necesitás estar completamente segura antes de dar un paso.
Cuando empezás a moverte y aparecen dudas, inseguridad o ganas de volver a lo conocido.
Cuando tu trabajo actual deja de sentirse propio y necesitás pensar con mayor claridad qué lugar querés que tenga el trabajo en tu vida.
Soy Jor.
Psicóloga hace 18 años y mamá hace 10.
Pasé por los ámbitos clínico, laboral y educativo, y estuve casi una década en un puesto en la administración pública completamente alejada de la profesión.
Durante años me sentí fuera de lugar, incómoda, sin terminar de encajar. Lo sostuve porque era estable, porque un sueldo fijo todos los meses no es fácil de soltar cuando tenés una vida armada alrededor de eso. Hasta que el malestar fue tan grande que seguir ya no era una opción.
Tardé en darme cuenta de que el problema no era la carrera que había elegido. Era la forma en que estaba trabajando y el lugar desde donde lo hacía.
Hoy vuelvo a centrar mi trabajo en la psicología clínica, acompañando a mujeres profesionales que están en ese momento: saben que algo no cierra, que no quieren seguir así, pero moverse parece imposible.
Trabajo desde el enfoque de las terapias contextuales, principalmente desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), un modelo basado en evidencia. Y con la experiencia de haber estado en ese mismo lugar.
La primera consulta es para conocernos: entender qué te está pasando, ver si puedo ayudarte en este momento y si te sentís cómoda trabajando conmigo. Si decidimos avanzar, arrancamos un proceso con objetivos claros.
La psicoterapia requiere continuidad para que el trabajo tenga sentido y pueda generar cambios reales. Una sesión aislada no alcanza para eso.
Por eso trabajo en procesos, no en sesiones sueltas: tienen un inicio, objetivos definidos y un cierre. El primer tramo es de entre 8 y 12 sesiones, y lo vamos revisando juntas. Implica tiempo y compromiso. Y también claridad sobre hacia dónde vamos.
Mandame un mensaje por WhatsApp y coordinamos un día y horario para la primera consulta.
Conversamos sobre lo que te está pasando. Te cuento cómo acompaño estos procesos y evaluamos si tiene sentido avanzar.
Arrancamos con objetivos claros. El formato es online, en el horario que acordemos.
Al terminar ese período miramos qué cambió, cómo te sentís y si es momento de cerrar o seguir.
Acompaño a mujeres que están atravesando decisiones o cambios importantes en su vida laboral.
Cada una está escalando su propia montaña. Desde la mía, puedo ver la tuya con más claridad: algún obstáculo que no notás porque estás demasiado cerca, un camino alternativo, o herramientas que ya tenés pero que podés usar de otra manera.
No escalo por vos, pero sí te acompaño a encontrar tu propio recorrido. Eso es lo que hacemos en cada sesión.